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miércoles, 4 de abril de 2012
¿Nuevas políticas de adquisiciones en las bibliotecas?
En el ámbito bibliotecario, todos están pensando nuevos modos de ofrecer servicios que puedan competir físicamente con los espacios virtuales de información: se sigue promocionando la lectura, aunque tal promoción muchas veces se ha convertido en un fin en sí misma; se han creado bibliotecas como espacios multiculturales; o se ha incrementado el volumen de recursos físicos a prestar (desde CDs de audio o DVDs a, de manera más reciente, dispositivos e-readers, o, suponemos, dentro de poco, juegos para la Play 3 o para la Wii). Teniendo en cuenta el período de crisis económica por el que pasamos, queremos proponer, sin embargo, una alternativa que, lejos de suponer un paso atrás, constituye simplemente un nuevo modo de concebir el carácter público del espacio físico de la biblioteca. Partamos de una doble petición de principio: por una parte, aún existen, y no pocos, lectores de libros físicos, de mejor o peor calidad; por otra, prácticamente todo lo que se puede encontrar en una biblioteca física se puede encontrar, de manera más o menos regular o irregular, en Internet. Bien, si cruzamos estas dos peticiones de principio, ¿sería descabellado el argumentar la posibilidad de que las políticas de adquisiciones de la biblioteca se orientaran hacia la creación de nuevas “bibliotecas de salón”, de centros orientados a aquellos segmentos de la población que no utilizarían Internet, sino más bien el espacio físico, para la obtención de información en soporte físico, bien muy mayoritaria, bien muy minoritaria?
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bibliotecas de salón,
bibliotecas públicas
lunes, 31 de enero de 2011
¿Nuevas políticas de adquisiciones en las bibliotecas?
En el ámbito bibliotecario, todos están pensando nuevos modos de ofrecer servicios que puedan competir físicamente con los espacios virtuales de información: se sigue promocionando la lectura, aunque tal promoción muchas veces se ha convertido en un fin en sí misma; se han creado bibliotecas como espacios multiculturales; o se ha incrementado el volumen de recursos físicos a prestar (desde CDs de audio o DVDs a, de manera más reciente, dispositivos e-readers, o, suponemos, dentro de poco, juegos para la Play 3 o para la Wii). Teniendo en cuenta el período de crisis económica por el que pasamos, queremos proponer, sin embargo, una alternativa que, lejos de suponer un paso atrás, constituye simplemente un nuevo modo de concebir el carácter público del espacio físico de la biblioteca. Partamos de una doble petición de principio: por una parte, aún existen, y no pocos, lectores de libros físicos, de mejor o peor calidad; por otra, prácticamente todo lo que se puede encontrar en una biblioteca física se puede encontrar, de manera más o menos regular o irregular, en Internet. Bien, si cruzamos estas dos peticiones de principio, ¿sería descabellado el argumentar la posibilidad de que las políticas de adquisiciones de la biblioteca se orientaran hacia la creación de nuevas “bibliotecas de salón”, de centros orientados a aquellos segmentos de la población que no utilizarían Internet, sino más bien el espacio físico, para la obtención de información en soporte físico, bien muy mayoritaria, bien muy minoritaria?
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E-books, e-readers y las TIC en las bibliotecas
De un tiempo a esta parte las bibliotecas han comenzado a hacer uso, a efectos de préstamo, de e-books y e-readers. Se trata de una buena manera de promover el uso de las nuevas tecnologías en el espacio físico de la biblioteca; es decir, de mostrar que no todo tiene por qué pasar por los espacios virtuales de información, sino que todavía quedan resquicios para el contacto físico. Sin embargo, el éxito de estas iniciativas es diverso, teniendo en cuenta todo el potencial implicado en el e-book. Cabe preguntarse si parte de este no demasiado brillante, hasta el momento, resultado, no podría deberse a cierta confusión terminológica que tiende a igualar e-reader y e-book, cuando lo cierto es que el primero es el mero dispositivo físico, el portador de la información, mientras que el segundo es, en sentido estricto, el libro, el fichero o el conjunto de ficheros que contienen la información y que son, o progresivamente devendrán susceptibles de ser, utilizables en más de un dispositivo, en espacios físicos y virtuales.
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